El carcinoma basocelular es el cáncer más frecuente del ser humano y, a la vez, el de mejor pronóstico. Crece despacio, su diseminación a otros órganos es excepcional y se cura con cirugía adecuada en la inmensa mayoría de los casos. Si lees esto porque te han diagnosticado uno, la primera idea importante es esta: estás ante un tumor muy manejable.
El carcinoma basocelular es un cáncer de piel de comportamiento local y excelente pronóstico. La gran mayoría se resuelve con una cirugía sencilla. Solo una minoría, casi siempre tras años sin tratar, se vuelve más compleja, y aun así hoy tiene tratamiento eficaz.
Mi nombre es Sebastian Podlipnik y soy Dermatólogo en la Unidad de Melanoma y Cáncer de Piel del Hospital Clínic de Barcelona. Veo carcinomas basocelulares prácticamente cada semana en consulta, y una parte de mi trabajo consiste justamente en lo contrario de lo que la palabra "cáncer" sugiere: tranquilizar. En este artículo te explico, sin tecnicismos opacos, qué es, las seis caras con las que se presenta y cómo se trata cada una.
¿Qué es el carcinoma basocelular?
El carcinoma basocelular es el cáncer de piel más frecuente y el de mejor pronóstico. Nace de las células basales de la epidermis (la capa más profunda de la piel superficial) por el daño solar acumulado a lo largo de los años. Crece despacio, de forma local, y casi nunca pone en riesgo la vida.
Que aparezca la palabra "cáncer" asusta, y es comprensible. Por eso conviene aclarar algo de entrada: dentro de los tipos de cáncer de piel, el carcinoma basocelular es el más común y el menos agresivo, muy lejos del melanoma. "Carcinoma" y "cáncer" no son cosas distintas: un carcinoma es un cáncer que se origina en las células epiteliales, y en este caso es uno de comportamiento tan indolente que su verdadero problema no es extenderse, sino que, si se abandona mucho tiempo, puede dañar el tejido vecino.
El carcinoma basocelular es el tumor maligno más frecuente en personas de piel clara, y aun así la mayoría se resuelve con una intervención sencilla. Su peligro no está en metastatizar, algo excepcional, sino en la posible destrucción local si se ignora durante años. Esa es la única razón real para no demorar la consulta, y a la vez la mejor noticia: detectado a tiempo, que es lo habitual, su manejo es directo y muy curativo. (Kim et al, 2019)
Una duda muy frecuente en consulta es si el basocelular viene de una queratosis actínica. La respuesta es no: a diferencia del carcinoma espinocelular, el basocelular no deriva de las queratosis actínicas. Surge por su propia vía, ligada sobre todo al sol acumulado y al fototipo claro. Saber esto evita un susto innecesario a quien tiene queratosis y teme que "se conviertan" en basocelular.
¿Es frecuente? ¿A cuánta gente le pasa?
Es muy frecuente, y precisamente esa frecuencia es tranquilizadora: no estás ante una rareza alarmante, sino ante el tumor que los dermatólogos más vemos y mejor sabemos resolver. En España, aproximadamente 1 de cada 17 personas desarrollará un carcinoma basocelular a lo largo de su vida, y la inmensa mayoría con muy buen desenlace.
Esa cifra española confirma algo que veníamos sospechando: el basocelular es mucho más frecuente de lo que decían los registros antiguos, porque históricamente se contabilizaba mal al ser tan común y poco letal. El estudio de Valencia, sobre 2171 pacientes y 4047 tumores, observó además un aumento sostenido de en torno al 3,9% anual, más marcado en mujeres. Un registro poblacional sueco encontró cifras del mismo orden, con una incidencia estandarizada de 405 por 100.000 en 2017. (Kappelin et al, 2022)
A escala mundial, el envejecimiento de la población hace que se diagnostiquen cada vez más, con millones de casos estimados en mayores de 65 años. (Wang et al, 2025)
Que sea tan habitual no debe leerse como una amenaza, sino al revés: es un tumor cotidiano en dermatología, con un camino de diagnóstico y tratamiento muy rodado. La pregunta interesante no es "¿cuántos hay?" sino "¿de qué formas se presenta y qué hacemos con cada una?". A eso vamos.
Las 6 caras del basocelular: cómo reconocer cada subtipo
No todos los basocelulares son iguales, pero la idea principal es tranquilizadora: la inmensa mayoría pertenecen a las variantes de manejo más sencillo. Las caras exigentes son la minoría. El subtipo cambia el aspecto, la velocidad de crecimiento y el tratamiento, y por eso conviene conocerlas, no para asustarse, sino para entender por qué cada caso se aborda a su medida.
Las guías europeas agrupan los carcinomas basocelulares en "fáciles de tratar", que son la gran mayoría, y "difíciles de tratar", que necesitan un abordaje de equipo. (Peris et al, 2023)
En mi consulta lo veo a diario: las dos caras más habituales son el subtipo nodular y el infiltrativo, que hoy suponen alrededor del 31% de los casos cada uno. (Kappelin et al, 2022)
A continuación te muestro las seis caras con las que un dermatólogo se encuentra, y verás que en todas, bien valoradas, el desenlace es bueno.
1. Nodular: la cara clásica
Es la más frecuente y una de las más sencillas de manejar. Aparece como un granito perlado, brillante y translúcido, a menudo con vasos finos visibles en la superficie (telangiectasias) y, a veces, una pequeña costra central que va y viene. Suele salir en la cara. Es el rostro "de libro" del basocelular y el que mejor reconoce el dermatólogo a simple vista.
2. Superficial: la más leve
Se presenta como una placa rojiza fina, ligeramente descamativa, casi a ras de piel, con frecuencia en el tronco. Es la variante menos invasiva y la que mejor responde a tratamientos sin bisturí. Muchas veces se confunde con un eccema o una psoriasis que "no termina de irse" con cremas hidratantes.
3. Pigmentado: el que imita a un lunar
Es un basocelular con pigmento marrón o azul-gris, de modo que puede parecerse a un lunar atípico, a un melanoma o a una queratosis seborreica. Aquí la tranquilidad viene de una herramienta concreta: el dermatoscopio lo distingue muy bien de esas otras lesiones, así que la incertidumbre del "¿y si es lo malo?" suele resolverse en la propia consulta.
4. Morfeiforme o esclerodermiforme: con aspecto de cicatriz
El basocelular morfeiforme (de aspecto cicatricial, mal delimitado, también llamado esclerosante) es la cara que más respeto impone, y a la vez la más rara. Una revisión sistemática de 54 estudios estima que supone solo entre el 5 y el 10% de todos los basocelulares, de modo que en torno al 90-95% de los casos pertenecen a variantes de manejo más sencillo: lo exigente es la excepción, no la regla. (Conte et al, 2023)
5. Infiltrante o micronodular: bordes poco netos
Crece infiltrando en profundidad, con límites menos definidos que el nodular, por lo que el dermatólogo lo delimita con especial cuidado. Sigue siendo minoritario y, valorado por un profesional, también tiene muy buen pronóstico. Las series que han caracterizado estas variantes agresivas trabajan con muestras pequeñas, lo que recuerda que son la cara poco frecuente del tumor. (Gülseren et al, 2021)
6. Fibroepitelioma de Pinkus: el infrecuente
Es una variante poco común, que suele aparecer como una pápula o placa rosada en la zona lumbar baja. Se incluye dentro del espectro clínico del basocelular y, pese a su nombre llamativo, es de manejo favorable. (Di Stefani et al, 2015)
Lo importante de este mapa de subtipos es el encuadre: las dos caras más comunes, la nodular y la superficial, son también las de manejo más directo, y las exigentes son una minoría que el dermatólogo identifica y trata con buen resultado. La siguiente tabla resume cada cara con su frecuencia y su abordaje habitual.
| Cara | Cómo se ve | Frecuencia | Manejo habitual |
|---|---|---|---|
| Nodular | Granito perlado y brillante con vasitos | El más común (~31%) | Sencillo, muy curativo |
| Superficial | Placa rojiza fina en el tronco | Frecuente | Admite opciones sin cirugía |
| Pigmentado | Lesión con pigmento, imita un lunar | Variable | Se distingue bien con dermatoscopia |
| Morfeiforme | Placa endurecida con aspecto de cicatriz | Minoritario (5-10%) | Valoración profesional cuidadosa |
| Infiltrante | Bordes mal definidos, crece en profundidad | Minoritario | Delimitación cuidadosa, buen pronóstico |
| Fibroepitelioma de Pinkus | Pápula rosada en zona lumbar | Raro | Manejo favorable |
¿Cómo se diagnostica? El papel de la dermatoscopia
El dermatólogo identifica el carcinoma basocelular de forma fiable y sin cortar la piel. La sospecha es clínica y se confirma con dermatoscopia, una lente con luz especial que deja ver estructuras invisibles a simple vista, y solo si hay duda, con una biopsia. Es un proceso rápido, ambulatorio y, casi siempre, tranquilizador.
La dermatoscopia es una técnica no invasiva que amplía la piel y elimina su reflejo, mostrando vasos y pigmento que orientan el diagnóstico. Un metanálisis de 17 estudios encontró que detecta correctamente el carcinoma basocelular con una sensibilidad del 91,2% y una especificidad del 94,8%, y que añadir el dermatoscopio a la simple inspección a ojo desnudo eleva la detección del 66,9% al 85%. Dicho en lenguaje llano, una lente de mano cambia el diagnóstico sin un solo corte, y por eso conviene que la lesión la mire un dermatólogo con dermatoscopio. (Reiter et al, 2019)
Esta es exactamente la herramienta que usamos en la dermatoscopia digital de la consulta. El dermatoscopio no solo dice "esto es un basocelular": también orienta qué cara es. Un algoritmo dermatoscópico identifica el subtipo superficial frente al resto con una sensibilidad del 81,9% y una especificidad del 81,8%, es decir, acierta el subtipo en torno a 8 de cada 10 casos. (Lallas et al, 2014)
Para las variantes más exigentes ese mismo dermatoscopio tiene un repertorio de señales propio, como los vasos gruesos ramificados, las áreas de color blanco porcelana o pequeñas ulceraciones, que orientan al especialista antes incluso de plantear una biopsia. (Camela et al, 2023)
La dermatología española ha sistematizado con detalle estos patrones cara por cara, de manera que cualquier dermatólogo con formación los reconoce con fiabilidad y sin necesidad de cortar la piel. (Álvarez-Salafranca et al, 2021)
Hay un dato que ayuda a entender por qué merece la pena la consulta especializada, y conviene leerlo en clave tranquilizadora, no de alarma. A ojo desnudo, sin dermatoscopio, el subtipo agresivo solo se acierta clínicamente en torno al 22% de los casos, frente al 86,2% del nodular y el 49,9% del superficial. (Amici et al, 2021)
Lo veo a menudo en consulta. Hace poco vino una persona que llevaba meses con una pequeña herida en el ala de la nariz que no terminaba de cerrar y la había atribuido al roce de las gafas. Era un basocelular nodular y se resolvió con una intervención sencilla. Esa es la historia más habitual: una lesión banal en apariencia que, mirada a tiempo, se soluciona con facilidad.
La lectura correcta no es "qué difícil es", sino: la incertidumbre que el ojo no resuelve, el dermatólogo la resuelve con dermatoscopia. Por eso, si ves en tu piel algo nuevo, cambiante o, sobre todo, una herida o costra que no termina de cicatrizar, no es para asustarse: es, simplemente, el momento de pedir una valoración. Te explico cuándo conviene consultar en la guía de detección precoz del cáncer de piel. Si prefieres salir de dudas cuanto antes, puedes resolverlas en una visita online o, si estás en Barcelona, en una visita presencial.
¿Cómo se trata cada cara del basocelular?
El carcinoma basocelular se cura. La cirugía de escisión es el tratamiento de referencia y resuelve la gran mayoría de los casos con tasas de curación muy altas. Según el subtipo y la localización, el dermatólogo elige entre escisión, cirugía de Mohs, opciones sin bisturí para los superficiales o radioterapia.
Conviene poner una cifra concreta a esa tranquilidad. Incluso en carcinomas basocelulares faciales de alto riesgo seleccionados, casi 9 de cada 10 pacientes siguen libres de recaída a 10 años con cirugía de escisión convencional. La curación es la norma, no la excepción.
La cirugía de escisión convencional, que consiste en extirpar el tumor con un pequeño margen de seguridad y analizarlo después en el laboratorio, es el tratamiento de elección y funciona muy bien para la gran mayoría de los carcinomas basocelulares situados en áreas de bajo riesgo, como el tronco, los brazos o las piernas, y para los tumores primarios bien delimitados. Es una intervención sencilla, habitualmente ambulatoria y con tasas de curación muy altas: en la mayor parte de los casos, con esto basta.
Sobre la cirugía de Mohs, una técnica que extirpa el tumor por capas revisándolo al microscopio en el mismo acto, conviene deshacer un malentendido frecuente. Mohs no es "lo que hay que hacer siempre" ni la primera opción por defecto: la cirugía de escisión convencional es altamente curativa en la mayoría de los casos. Mohs es una de las opciones quirúrgicas, según valoración individual, que se reserva sobre todo para las zonas más delicadas de la cara (nariz, párpados, orejas), para los tumores que ya habían recidivado y para los subtipos de bordes mal definidos. (Peris et al, 2023)
Las cifras del ensayo de referencia ayudan a verlo con calma, leídas con su matiz. En un ensayo holandés sobre carcinoma basocelular facial de alto riesgo seleccionado, en el tumor que aparecía por primera vez la diferencia entre Mohs y escisión no fue estadísticamente significativa: recidiva a 10 años del 4,4% con Mohs frente al 12,2% con escisión, con un valor p de 0,100; a 5 años, 2,5% frente a 4,1%, p de 0,397. (van Loo et al, 2014)
El beneficio claro y significativo de Mohs aparece cuando el tumor ya había recidivado antes, no en el de primera vez. Conviene subrayarlo: estas cifras son de casos faciales difíciles seleccionados, no del basocelular típico de bajo riesgo, y en todos los escenarios la gran mayoría de pacientes quedan curados. (Mosterd et al, 2008)
Una revisión Cochrane que reunió 52 ensayos y 6690 pacientes resume bien la lógica de elegir tratamiento: la cirugía es la que menos recidivas deja; los tratamientos sin bisturí, usados en basocelulares de bajo riesgo, protegen algo menos pero a cambio la piel suele quedar mejor. No hay un único "mejor tratamiento": hay el mejor tratamiento para tu caso, y casi siempre con un desenlace excelente. (Thomson et al, 2020)
El subtipo superficial: cuando se puede evitar el bisturí
El basocelular superficial de bajo riesgo es la cara que mejor responde a opciones no quirúrgicas, lo que da margen para tratamientos cómodos y de buen resultado estético. Un ensayo a 3 años comparó las tres alternativas no quirúrgicas más estudiadas en esta variante, con estos resultados de supervivencia libre de tumor. (Roozeboom et al, 2016)
- Imiquimod (crema inmunoactivadora): 79,7%
- La opción no quirúrgica más eficaz en el subtipo superficial.
- 5-fluorouracilo (quimioterapia tópica): 68,2%
- Resultado intermedio, una alternativa razonable.
- Terapia fotodinámica: 58,0%
- Buen resultado estético; especialmente útil en piernas de pacientes mayores.
El matiz importante es que el "mejor" tratamiento depende de quién y dónde: en personas mayores con una lesión superficial en la pierna, por ejemplo, la terapia fotodinámica resultó claramente la mejor opción. Por eso la decisión se individualiza siempre en consulta.
Las guías europeas contemplan además métodos destructivos, como la crioterapia (congelación controlada de la lesión) o el curetaje con electrocoagulación, para basocelulares superficiales de bajo riesgo seleccionados, siempre según la valoración individual del dermatólogo. (Peris et al, 2023)
En zonas especialmente delicadas, como el contorno del ojo, la cirugía de Mohs sirve precisamente para conservar al máximo el tejido sano, una de las razones por las que se reserva para esas localizaciones y no para el basocelular típico de bajo riesgo. (Erripi et al, 2024)
"En la consulta repito mucho una idea: el carcinoma basocelular es, en la enorme mayoría de los casos, un problema con solución sencilla. La pregunta no suele ser si se cura, sino cuál es la mejor forma de hacerlo en tu caso concreto."
¿Y si el basocelular es avanzado?
El carcinoma basocelular avanzado, el que ha crecido mucho localmente o, muy raramente, se ha extendido, es poco frecuente y casi siempre fruto de años de abandono. Aun así, y este es el mensaje central, hoy tiene tratamiento eficaz. Si tienes un basocelular reciente y diagnosticado, este escenario casi nunca va contigo: el peor caso es raro y, además, tratable.
La biología explica por qué hay tratamiento. La mayoría de basocelulares tienen "encendida" de forma anómala una ruta molecular llamada vía Hedgehog, un circuito que en el adulto suele estar apagado y que, alterado, hace crecer el tumor. Existen pastillas que la bloquean. En el ensayo pivotal con vismodegib, alrededor del 43% de los basocelulares localmente avanzados y el 30% de los metastásicos respondieron por revisión independiente. (Sekulic et al, 2012)
El análisis final del mismo programa confirmó respuestas duraderas, con una respuesta objetiva del 60,3% en la enfermedad localmente avanzada según la evaluación del investigador. (Sekulic et al, 2017)
Un segundo fármaco de la misma familia, sonidegib, logró una respuesta del 56% en la enfermedad localmente avanzada, con un detalle clínico interesante: subir la dosis no mejora la eficacia y sí empeora la tolerancia, así que a veces más fármaco es peor, no mejor. (Dummer et al, 2020)
Un metanálisis reciente que reunió 22 estudios sitúa la tasa de respuesta global agrupada de esta clase de fármacos en torno al 64,9%, lo que confirma que incluso los casos avanzados, que son la excepción, disponen de un tratamiento dirigido eficaz. (Nguyen et al, 2023)
Estos fármacos tienen efectos de clase previsibles, como espasmos musculares, pérdida de cabello o alteración del gusto, que el equipo médico maneja con pausas y ajustes y que mejoran al terminar el tratamiento. Y si los inhibidores de la vía Hedgehog fallan o no se toleran, existe una segunda línea con inmunoterapia (cemiplimab), que reactiva las defensas del propio paciente. (Shalhout et al, 2021)
El árbol de tratamiento tiene varios escalones, pero la inmensa mayoría de pacientes ni siquiera necesitan subir del primero.
¿Se puede prevenir? ¿Qué seguimiento necesito si me han quitado uno?
Sí, se puede reducir el riesgo de nuevos basocelulares, y el seguimiento después de quitarse uno es sencillo y de rutina. Si te han operado uno, la mejor noticia es esta: detectados pronto, los nuevos se resuelven con facilidad, y un control dermatológico periódico convierte la incertidumbre en tranquilidad.
La base de la prevención es la fotoprotección sostenida: el daño solar acumulado es el motor del basocelular, así que un buen hábito de protección reduce la aparición de lesiones nuevas. Si quieres profundizar, escribí una guía sobre los mejores protectores solares y cómo elegirlos.
Sobre la nicotinamida, una forma de la vitamina B3, merece la pena ser honesto, sin sobrevender ni descartar. En el ensayo de referencia, la nicotinamida redujo un 23% el conjunto del cáncer cutáneo no melanoma frente a placebo (p de 0,02); ahora bien, para el carcinoma basocelular aislado la reducción fue del 20% y no alcanzó significación estadística (p de 0,12), y el beneficio desaparecía al dejar de tomarla. (Chen et al, 2015)
En trasplantados de órgano, una población de muy alto riesgo, otro ensayo no encontró beneficio. (Allen et al, 2023)
El contrapeso es positivo y reciente. Una gran cohorte de 33.822 pacientes asoció la nicotinamida a un 14% menos de cáncer cutáneo, una cifra que sube a una reducción del 54% cuando se inicia tras el primer cáncer de piel. (Breglio et al, 2025)
Conclusión práctica para el lector: en personas que ya han tenido lesiones, la nicotinamida es una opción de prevención razonable y segura, mejor cuanto antes se inicie, y siempre según la valoración individual de tu dermatólogo. Lo desarrollo en detalle en el artículo sobre nicotinamida y cáncer de piel.
En cuanto al seguimiento, las guías recomiendan revisiones cutáneas periódicas en personas con basocelulares de alto riesgo, con lesiones múltiples o con predisposición genética, siempre adaptadas a cada caso. No es una vigilancia angustiante: es una rutina tranquila, parecida a una revisión periódica más, cuyo objetivo es justamente que cualquier lesión nueva se coja pronto y fácil. (Peris et al, 2023)
Si te han quitado un carcinoma basocelular, la imagen realista de tu futuro es buena: con fotoprotección, controles sencillos y, si procede, prevención con nicotinamida, la mayoría de mis pacientes hacen vida absolutamente normal y dejan de pensar en ello como un problema. Actuar a tiempo, que es lo habitual, convierte este tumor en lo que de verdad es: un asunto menor con muy buen pronóstico.
Preguntas frecuentes sobre el carcinoma basocelular
¿El carcinoma basocelular es maligno o benigno?
¿Qué pasa si no me lo quito? ¿Es peligroso?
¿El carcinoma basocelular hace metástasis?
¿Cómo empieza un carcinoma basocelular? ¿Cuáles son los primeros síntomas?
¿Cuál es el tratamiento de elección? ¿Hay tratamiento en crema?
¿Qué es la cirugía de Mohs y cuándo se hace?
Me han quitado un basocelular, ¿me saldrán más? ¿Qué seguimiento necesito?
¿Tienes una lesión en la piel que te preocupa? Una valoración a tiempo suele ser sencilla y, casi siempre, tranquilizadora. Elige la opción que mejor se adapte a ti.
Referencias
- Kim DP et al. Basal Cell Carcinoma Review. Hematol Oncol Clin North Am, 2019. PubMed
- Peris K et al. Diagnosis and treatment of basal cell carcinoma: European consensus-based interdisciplinary guidelines. Eur J Cancer, 2023. PubMed
- García Ruiz R et al. Carcinoma basocelular: incidencia y tendencias en Valencia. Actas Dermo-Sifiliográficas, 2024. Actas Dermo-Sifiliográficas
- Kappelin J et al. Incidence and trends of basal cell carcinoma in Sweden: a population-based registry study. Br J Dermatol, 2022. British Journal of Dermatology
- Conte S et al. Clinical and Molecular Features of Morpheaform Basal Cell Carcinoma: A Systematic Review. Curr Oncol, 2023. Current Oncology
- Lallas A et al. Accuracy of dermoscopic criteria for discriminating superficial from other subtypes of basal cell carcinoma. J Am Acad Dermatol, 2014. JAAD
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