Lunar de carne: qué es y cómo se quita cada tipo

By Dr. Sebastian Podlipnik

Ilustración de varias lesiones del color de la piel que la gente llama lunar de carne

"Lunar de carne" no es un diagnóstico médico, es un cajón de sastre. La gente usa ese nombre coloquial para casi cualquier bulto del color de la piel, así que bajo esa etiqueta cabe una larga lista de lesiones. En este artículo me centro en las cinco que más se confunden con ese término: casi todas son benignas, pero una puede disimular un cáncer de piel.

Si has llegado hasta aquí buscando cómo se quita un lunar de carne, lo primero es saber cuál de los cinco tienes, porque el método cambia por completo según la lesión. ¿Alguna vez te has preguntado por qué a unos se los quitan con tijeras y a otros con láser? Aquí lo entenderás.

Mi nombre es Sebastian Podlipnik y soy Dermatólogo en la Unidad de Melanoma y Cáncer de Piel del Hospital Clínic de Barcelona. En consulta veo a diario a pacientes que llaman "lunar de carne" a cosas muy distintas, y buena parte de mi trabajo es ponerle nombre y apellido a cada bulto antes de decidir qué hacer con él.

"Lunar de carne" es un término popular que la gente aplica a muchas lesiones del color de la piel. Las cinco más frecuentes son el nevus melanocítico intradérmico, el acrocordón o fibroma blando, la queratosis seborreica clara, la hiperplasia sebácea y el dermatofibroma. Casi todas son benignas, pero solo un dermatólogo puede confirmarlo.

¿Qué es realmente un "lunar de carne"?

Un "lunar de carne" es un nombre popular, no una enfermedad. La gente lo usa para cualquier bulto o lesión del mismo color que la piel, sin pigmento marrón evidente, así que en realidad abarca muchas entidades distintas. En este artículo me centro en las cinco más frecuentes, y solo una de ellas es un lunar de verdad en sentido médico.

La palabra "lunar" en medicina se reserva para las lesiones formadas por melanocitos, las células que dan color a la piel. De las cinco que veremos aquí, únicamente el nevus melanocítico intradérmico (un lunar cuyas células se sitúan en la capa profunda de la piel) cumple esa definición. Las otras cuatro proceden de tejidos distintos: una banda de colágeno, una glándula sebácea agrandada, un acúmulo de queratina o una proliferación de fibroblastos.

Por eso agruparlas bajo el mismo nombre genera tanta confusión, y por eso el tratamiento de cada una no tiene nada que ver con el de las demás. Distinguirlas a simple vista es difícil incluso para el ojo entrenado: muchas veces necesito el dermatoscopio, una lente con luz polarizada que amplía la lesión, para estar seguro.

Existen más lesiones del color de la piel que también podrían colarse en ese saco, como los quistes de millium o pequeños quistes epidérmicos, pero son menos habituales o reciben otros nombres populares. Aquí me quedo con las cinco que más veces escucho llamar "lunar de carne" en consulta, ordenadas de la más "auténtica" a la más confundida. Sigue leyendo, que empezamos por el único que es un lunar de verdad.

Diagrama de las cinco lesiones que se confunden con un lunar de carne y dónde se asienta cada una en la piel
Las cinco lesiones que se confunden con un lunar de carne y dónde se asienta cada una en la piel.

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El nevus intradérmico: el "lunar de carne" más auténtico

El nevus melanocítico intradérmico es el lunar que más merece el nombre de "lunar de carne". Es una lesión benigna, abovedada y blanda, normalmente del color de la piel o ligeramente parduzca, que aparece sobre todo en cara y cuello. Suele crecer despacio durante años y muchos pierden el pigmento con el tiempo.

Estos lunares se conocen también por dos nombres clásicos según su forma: el nevus de Unna (más plano y arrugado, tipo mora) y el nevus de Miescher (más cupuliforme y firme, típico de la cara). En una serie de 202 nevus intradérmicos confirmados por biopsia, el patrón vascular más frecuente al dermatoscopio fueron los vasos en coma, unos capilares curvos que ayudan a diferenciarlos de lesiones malignas como el carcinoma basocelular o el melanoma sin pigmento. (Greco et al, 2020)

La inmensa mayoría son inofensivos y no necesitan tratamiento. Mucha gente quiere quitárselos por motivos estéticos, sobre todo cuando rozan con la ropa o las gafas, y eso es perfectamente razonable. Lo importante es que, antes de eliminar un lunar abultado, un dermatólogo confirme que efectivamente es benigno. Si te ha salido uno nuevo siendo adulto o notas que cambia, te interesa leer sobre los lunares que aparecen en la edad adulta y cuándo conviene vigilarlos.

Nevus intradérmico: lesión abovedada, lisa y del color de la piel, el 'lunar de carne' más auténtico
Nevus intradérmico: lesión abovedada y lisa. Archivo del Dr. Podlipnik.

Acrocordón o fibroma blando: la pestañita de piel

El acrocordón, también llamado fibroma blando o "pólipo fibroepitelial", es esa pequeña pestañita de piel que cuelga del cuello, las axilas, los párpados o las ingles. Es del color de la piel o algo más oscuro, blando, y suele estar unido por un pedículo fino. Es completamente benigno y muy frecuente a partir de la mediana edad.

Acrocordón: pequeña pestañita de piel colgante y pediculada en el cuello
Acrocordón: pápula pediculada característica en el cuello. Archivo del Dr. Podlipnik.

Su aspecto colgante y liso lo distingue de la verruga vírica, que es más rugosa, plana y a veces muestra puntos negros (pequeños capilares trombosados). La verruga la produce el virus del papiloma humano y puede contagiarse, mientras que el acrocordón no contagia nada. Si tienes dudas entre una cosa y otra, lo aclaro en el artículo sobre cómo se quitan las verrugas y sus diferencias con otras lesiones.

Aparecen por una combinación de roce repetido, predisposición genética y factores hormonales y metabólicos. Por eso es tan típico encontrarlos en los pliegues, donde la piel se frota consigo misma o con la ropa. Y aquí viene un detalle que casi nadie conoce y que para mí es de los más interesantes de toda esta familia de lesiones.

¿Por qué los acrocordones pueden ser una pista metabólica?

Tener muchos acrocordones puede ser algo más que un asunto estético: varios estudios los asocian con la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. No son peligrosos en sí mismos, pero su aparición en cantidad puede acompañar a alteraciones del azúcar, los lípidos o la tensión que conviene conocer.

En un estudio de casos y controles, los pacientes con acrocordones presentaban con mucha más frecuencia diabetes y peores cifras de glucosa, colesterol y triglicéridos que las personas sin ellos. (Shah et al, 2014) El hallazgo se ha replicado en población europea: en una cohorte de adultos, los acrocordones del cuello y las axilas eran más prevalentes entre quienes tenían diabetes (94,6% frente a 79,4%) y se asociaban a una hemoglobina glicada y una tensión arterial más altas. (Fang et al, 2020)

La conclusión práctica es prudente: si notas que te salen varios acrocordones en poco tiempo, coméntalo con tu médico de cabecera o tu dermatólogo, porque puede ser una buena ocasión para revisar el azúcar y el perfil lipídico. No es para alarmarse, sino para aprovechar una señal que la piel nos regala gratis.

Queratosis seborreica clara: la que parece pegada

La queratosis seborreica es un tumor benigno de la piel que parece "pegado" por encima, como una gota de cera o una costra adherida. Aunque muchas son marrones, existe una variante del color de la piel que la gente confunde con un lunar de carne. Su superficie es rugosa, a veces con pequeños tapones córneos.

Queratosis seborreica clara: placa parda de aspecto 'pegado' y borde festoneado
Queratosis seborreica: superficie rugosa, aspecto "pegado". Archivo del Dr. Podlipnik.

Es probablemente la lesión benigna más frecuente que existe. En un estudio poblacional, la queratosis seborreica aparecía en el 78,9% de las personas a los 40 años y en el 98,7% por encima de los 60. (Kwon et al, 2003) Dicho de otro modo: si vives lo suficiente, casi con seguridad tendrás alguna.

Gráfico de la prevalencia de queratosis seborreica por edad, del 78,9% a los 40 años al 98,7% por encima de los 60
Prevalencia de la queratosis seborreica según la edad (Kwon et al, 2003).

Lo más tranquilizador de la queratosis seborreica es que, aunque sus células acumulan mutaciones en genes como FGFR3 y PIK3CA, no progresa a un cáncer de piel. (Hafner et al, 2009) El motivo más habitual para quitarlas es estético o por molestias con el roce. El reto real es que algunas queratosis seborreicas pigmentadas pueden parecerse a un melanoma, y ahí el dermatoscopio es clave. Si la tuya tiene costra o un tono más oscuro, te interesa el artículo específico sobre la queratosis seborreica y cómo se distingue del melanoma.

Hiperplasia sebácea: la pápula amarillenta con hoyuelo

La hiperplasia sebácea es el agrandamiento benigno de una glándula sebácea. Se ve como una pequeña pápula blanda, de color piel o amarillento, con un hoyuelo característico en el centro, típica de la frente, las mejillas y la nariz en personas de piel más grasa. Es muy común a partir de los 40 años.

Hiperplasia sebácea: pápula amarillenta con hoyuelo central característico
Hiperplasia sebácea: pápula umbilicada periocular. Archivo del Dr. Podlipnik.

Su rasgo más útil para identificarla está en el dermatoscopio. En una serie de pacientes con hiperplasia sebácea, todos mostraban unas estructuras lobulilladas blanco-amarillentas en el centro, y más de un tercio presentaban los llamados "vasos en corona", capilares finos que rodean la lesión sin cruzar el centro. (Lin et al, 2023)

Ese patrón es importante porque la hiperplasia sebácea puede confundirse con un carcinoma basocelular (el cáncer de piel más frecuente, en el que los vasos sí cruzan la lesión de forma ramificada). De nuevo, la diferencia entre una lesión banal y un tumor no siempre se ve a simple vista.

La hiperplasia sebácea no se cura con cremas: la glándula sigue ahí. Cuando molesta estéticamente, se trata con métodos físicos que veremos más abajo. Te lo explico en detalle en el artículo sobre causas y tratamientos de la hiperplasia sebácea.

Dermatofibroma: el bulto firme que se hunde

El dermatofibroma es un nódulo firme y profundo, más duro que el resto de lesiones de esta lista. Suele aparecer en las piernas, mide pocos milímetros y, aunque a menudo es parduzco, puede tener un tono parecido al de la piel. Su signo más característico es que, al pellizcarlo, se hunde en lugar de sobresalir.

Dermatofibroma: nódulo firme parduzco en la pierna
Dermatofibroma: nódulo firme característico. Archivo del Dr. Podlipnik.

Ese fenómeno se conoce como signo del hoyuelo (al apretar la lesión entre dos dedos, la piel de encima se deprime hacia dentro). Es benigno y suele aparecer tras una pequeña picadura o traumatismo que el cuerpo "cura" con un exceso de fibroblastos. La mayoría no requieren tratamiento alguno; se extirpan solo cuando duelen, crecen o generan dudas diagnósticas. Tienes los detalles en el artículo dedicado al dermatofibroma y su tratamiento.

Signo del hoyuelo en un dermatofibroma: la lesión se hunde hacia dentro al pellizcar la piel
Signo del hoyuelo: la piel se deprime al pellizcar el dermatofibroma. Archivo del Dr. Podlipnik.

Cómo distinguir las cinco lesiones de un vistazo

La forma más rápida de orientarte es cruzar tres pistas: dónde aparece la lesión, qué textura tiene y cómo se comporta al tocarla. Ninguna pista por sí sola da el diagnóstico, pero juntas ayudan a saber ante cuál de las cinco estás. La confirmación siempre corresponde al dermatólogo con dermatoscopia.

Diferencias entre las cinco lesiones que se llaman "lunar de carne"
Lesión Dónde aparece Textura y forma Color Pista al tacto
Nevus intradérmico Cara y cuello Abovedado, liso Piel o parduzco Blando, móvil
Acrocordón (fibroma blando) Cuello, axilas, ingles, párpados Colgante, pediculado Piel o algo más oscuro Cuelga y se mueve
Queratosis seborreica clara Tronco, cara, sienes Rugosa, "pegada" Piel, beige o marrón Áspera, sobreelevada
Hiperplasia sebácea Frente, mejillas, nariz Pápula con hoyuelo central Piel o amarillento Blanda, umbilicada
Dermatofibroma Piernas, brazos Nódulo firme Piel o parduzco Duro; se hunde al pellizcar

Fíjate en que tres de las cinco pueden ser exactamente del color de la piel, de ahí la confusión. La localización es a menudo la mejor pista inicial: una pestañita en el cuello casi siempre es un acrocordón, mientras que un nódulo firme en la pierna apunta a dermatofibroma. Aun así, te repito lo de siempre: esto orienta, no diagnostica.

"La mayoría de los bultos que la gente llama lunar de carne son benignos. El problema nunca es el que se ve, sino el que se confunde. Por eso ningún bulto que cambia merece quedarse sin mirar."

Dr. Sebastian Podlipnik

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¿Cómo se quita cada una? No todas igual

No existe un método único para quitar un "lunar de carne": cada lesión se trata de forma diferente según su naturaleza y su localización. La técnica la elige el dermatólogo tras examinar la lesión, y en muchos casos conviene enviar lo extirpado al laboratorio para confirmar que era benigno. Estas son las opciones generales por tipo.

Nevus intradérmico
Afeitado tangencial o extirpación con estudio histológico, sobre todo si hay cualquier duda diagnóstica.
Acrocordón
Corte con tijera estéril, electrocoagulación o crioterapia. Los pequeños se resuelven en segundos.
Queratosis seborreica
Curetaje (raspado) o crioterapia con nitrógeno líquido, según el grosor y la zona.
Hiperplasia sebácea
Electrocoagulación fina o láser. Las cremas no la eliminan porque la glándula permanece.
Dermatofibroma
Extirpación quirúrgica con sutura cuando molesta. Al ser profundo, otros métodos suelen dejar resto.

Como ves, el "cómo se quita" depende por completo de qué sea la lesión, y por eso el autodiagnóstico es tan poco fiable. Si quieres entender el procedimiento de extirpación con más detalle, los riesgos de cicatriz y qué esperar después, lo desarrollo en la guía sobre cómo se elimina un lunar paso a paso.

Cuándo un "lunar de carne" no es banal

La gran mayoría de los "lunares de carne" son benignos, pero algunas lesiones del color de la piel pueden imitar un cáncer cutáneo. El carcinoma basocelular y el melanoma sin pigmento (amelanótico) son los grandes imitadores, y son precisamente los que más se retrasan en diagnosticar porque no llaman la atención por su color.

El melanoma amelanótico merece un respeto especial. Al carecer de pigmento, se diagnostica más tarde y por eso tiene peor pronóstico que el melanoma clásico. (Paolino et al, 2020) No es para tener miedo a cada bulto, sino para no asumir que algo es banal solo porque es del color de la piel. La regla es sencilla: lo que cambia, se mira.

Consulta con tu dermatólogo si una lesión que considerabas un "lunar de carne":

  • Crece o cambia de forma en pocas semanas o meses.
  • Sangra o se ulcera sin haberte golpeado.
  • Cambia de color o desarrolla zonas más oscuras o rojizas.
  • Pica, duele o molesta de forma persistente.
  • Es nueva en la edad adulta y no se parece a tus otras lesiones.

Cualquiera de estos signos justifica una valoración. Si quieres aprender a diferenciar un lunar normal de uno sospechoso, te será útil mi guía sobre cómo identificar los lunares malignos y la regla ABCDE.

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Puedo ayudarte a ponerle nombre y decidir si necesita tratamiento, con dermatoscopia en consulta.

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Preguntas frecuentes sobre el "lunar de carne"

¿Por qué salen los lunares de carne?
Depende de cuál sea, y por eso no hay una sola causa común a todos. Los acrocordones se asocian al roce, la genética y factores metabólicos. La queratosis seborreica y la hiperplasia sebácea forman parte del envejecimiento natural de la piel. El nevus intradérmico procede de las células del lunar, y el dermatofibroma suele aparecer tras una pequeña picadura o traumatismo.
¿Cómo sé si es una verruga o un lunar de carne?
La verruga vírica suele ser rugosa, plana o ligeramente elevada y a veces muestra puntitos negros, que son capilares. El acrocordón, en cambio, es liso y cuelga de un pedículo. La verruga la causa un virus y puede contagiarse; el acrocordón no. Ante la duda, el dermatólogo lo confirma con dermatoscopia en segundos.
¿Es peligroso un lunar de carne?
La mayoría son benignos. El riesgo no está en la lesión típica, sino en que un cáncer de piel del color de la piel, como el carcinoma basocelular o el melanoma amelanótico, se confunda con una lesión banal. Cualquier bulto que crece, sangra, cambia o pica de forma persistente debe valorarlo un dermatólogo.
¿Puedo quitarme un lunar de carne en casa con hilo?
No es recomendable. Atar o cortar una lesión en casa puede infectarla, dejar cicatriz y destruir el tejido que el patólogo necesitaría para confirmar que era benigna. Si la lesión no era lo que parecía, habrás retrasado un diagnóstico importante. Eliminar cualquier lesión es un procedimiento sencillo en consulta y mucho más seguro.
¿Tener muchos acrocordones significa que tengo diabetes?
No necesariamente, pero puede ser una señal para revisarlo. Varios estudios relacionan la presencia de muchos acrocordones con la resistencia a la insulina, la obesidad y el síndrome metabólico, aunque la asociación con la diabetes no es constante. Si te aparecen varios en poco tiempo, es buena idea que tu médico revise tu azúcar y tu perfil lipídico.

Consulta con un especialista

Ponerle nombre a un bulto es el primer paso para dejar de preocuparte por él. La mayoría de los "lunares de carne" son lesiones benignas que no necesitan nada más que una mirada tranquilizadora, y las pocas que sí requieren atención se resuelven mucho mejor cuando se detectan a tiempo. No dejes que la duda se quede contigo meses.

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Referencias

  1. Greco V et al. Dermoscopy of dermal nevi: a retrospective study. Australas J Dermatol, 2020. Wiley
  2. Shah R et al. Association of skin tags with metabolic syndrome and its components. Ann Med Health Sci Res, 2014. PubMed
  3. Fang CEH et al. Skin tags and cardiovascular risk in morbid obesity. BMC Res Notes, 2020. BMC
  4. El Safoury OS, Ibrahim M. A clinical evaluation of skin tags in relation to obesity and diabetes. Indian J Dermatol, 2011. PubMed
  5. Kwon OS et al. Seborrheic keratosis in the Korean male: prevalence and sun exposure. Photodermatol Photoimmunol Photomed, 2003. Wiley
  6. Sun MD, Halpern AC. Advances in the etiology and management of seborrheic keratoses. Dermatology, 2021. PubMed
  7. Hafner C et al. FGFR3 and PIK3CA mutations in stucco keratosis and dermatosis papulosa nigra. Br J Dermatol, 2009. Wiley
  8. Lin EY et al. Dermoscopic and reflectance confocal microscopy features of sebaceous hyperplasia. Front Med, 2023. Frontiers
  9. Paolino G et al. Clinicopathological features of amelanotic and hypomelanotic melanoma. Int J Dermatol, 2020. Wiley

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Sebastian Podlipnik - Cáncer de piel

Sebastian Podlipnik

Blog de dermatología

Soy dermatólogo y doctor cum laude en medicina y autor de múltiples estudios de investigación. Me especializo en cáncer de piel, tecnologías láser y dermatología estética. La intención de este blog es acercarlos a temas de interés en dermatología e investigación.

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