Carcinoma espinocelular: síntomas, riesgo y tratamiento

By Dr. Sebastian Podlipnik

Dermatólogo examinando con dermatoscopio el dorso de la mano de un paciente, zona de riesgo del carcinoma espinocelular

El carcinoma espinocelular es el segundo cáncer de piel más frecuente, por detrás del basocelular, y la mayoría de los casos se cura. Nace del daño solar acumulado a lo largo de los años y, cuando se detecta a tiempo, que es lo habitual, su tratamiento es directo. Si lees esto porque te han hablado de uno, la primera idea importante es esta: detectado pronto, tiene muy buen pronóstico.

El carcinoma espinocelular cutáneo es un cáncer de piel que surge de los queratinocitos por la radiación ultravioleta acumulada. La gran mayoría se resuelve con cirugía y se cura en más del 90% de los casos. Solo una minoría, con ciertos factores de riesgo, se vuelve más agresiva, y aun así hoy dispone de tratamiento eficaz.

Mi nombre es Sebastian Podlipnik y soy Dermatólogo en la Unidad de Melanoma y Cáncer de Piel del Hospital Clínic de Barcelona. Veo carcinomas espinocelulares cada semana en consulta, y casi siempre la conversación va en la misma dirección: explicar que estamos ante un tumor muy manejable. En este artículo te cuento, sin tecnicismos opacos, qué es, cómo nace de una lesión precancerosa, qué lo hace más o menos agresivo y cómo se trata según la zona.

¿Tienes ahora una lesión que te preocupa? Puedo ayudarte a valorarla.

¿Qué es el carcinoma espinocelular?

El carcinoma espinocelular es el segundo cáncer de piel más frecuente y nace de los queratinocitos, las células más abundantes de la epidermis, por el daño solar acumulado durante años. Recibe varios nombres que designan exactamente lo mismo: carcinoma escamoso, carcinoma epidermoide o carcinoma de células escamosas. Crece sobre piel fotoexpuesta y, detectado a tiempo, se cura en la gran mayoría de los casos.

Que aparezca la palabra "cáncer" asusta, y es lógico. Conviene aclarar de entrada que "carcinoma" y "cáncer" no son cosas distintas: un carcinoma es simplemente un cáncer que se origina en las células epiteliales, como las de la piel. Dentro de los tipos de cáncer de piel, el espinocelular ocupa un lugar intermedio: más capaz de diseminar que el carcinoma basocelular, pero mucho menos agresivo que el melanoma. La inmensa mayoría se resuelve con una intervención sencilla.

El carcinoma espinocelular cutáneo es uno de los cánceres más frecuentes en personas de piel clara y representa alrededor del 20% de todas las neoplasias de la piel. La buena noticia es que los tumores comunes son indolentes y de buen pronóstico, con tasas de curación a 5 años superiores al 90% y una tasa de metástasis baja, por debajo del 4%. Es decir, lo habitual es el caso sencillo y curable, no el complicado. (Stratigos et al, 2020)

¿Es frecuente? ¿A quién le afecta?

Es muy frecuente y va en aumento. El carcinoma espinocelular es la segunda forma más común de cáncer en el ser humano, solo por detrás del basocelular, y su incidencia anual crece de forma sostenida. Afecta sobre todo a personas de piel clara, mayores y con exposición solar acumulada, y es más habitual en hombres a partir de cierta edad. (Kim et al, 2018)

Detrás de ese aumento hay dos motores: vivimos más años y acumulamos más sol a lo largo de la vida. El mismo análisis europeo observó que el incremento se concentra en los mayores de 60 años, y que en los varones de 80 o más la incidencia se ha multiplicado entre tres y cinco veces. No es una rareza alarmante, sino un tumor cotidiano en dermatología, con un camino de diagnóstico y tratamiento muy rodado.

La pregunta interesante no es "¿cuántos hay?", sino "¿de dónde sale y cómo lo cogemos pronto?". Y ahí aparece lo que para mí es la idea más útil de todo el artículo: el espinocelular casi nunca surge de la nada, sino que tiene un recorrido previo que podemos vigilar.

Del sol al tumor: de la queratosis actínica al carcinoma invasivo

El carcinoma espinocelular suele ser el último escalón de un proceso lento que empieza mucho antes, en la piel dañada por el sol. Ese recorrido tiene tres etapas reconocibles: la queratosis actínica (lesión precancerosa), el carcinoma in situ o enfermedad de Bowen (cáncer todavía superficial) y, por último, el carcinoma espinocelular invasivo. Entender este continuo es clave, porque permite intervenir antes de que el tumor sea invasivo.

La queratosis actínica es una lesión precancerosa que aparece como una mancha áspera y escamosa en zonas muy expuestas al sol, como la cara, el cuero cabelludo sin pelo o el dorso de las manos. Es el marcador de que la piel ha acumulado daño solar. Ahora bien, conviene no alarmarse: la mayoría de las queratosis actínicas no progresan a cáncer, y no se puede predecir con certeza cuáles lo harán, por lo que funcionan sobre todo como señal de un terreno que conviene vigilar y cuidar. (Feldman y Fleischer, 2011)

Puedes leer en detalle qué son y cómo se manejan en mi artículo sobre las queratosis actínicas. Cuando estas lesiones se concentran en una zona muy fotodañada se habla de "campo de cancerización", y existen tratamientos pensados para tratar toda esa área a la vez, no lesión por lesión.

Continuo real del carcinoma espinocelular: queratosis actínica, carcinoma in situ o enfermedad de Bowen y carcinoma invasivo
El continuo del daño solar en casos reales. De izquierda a derecha: queratosis actínica (precancerosa), carcinoma in situ (enfermedad de Bowen) y carcinoma espinocelular invasivo. Fotos de archivo propio.

El siguiente escalón es el carcinoma in situ o enfermedad de Bowen, un cáncer que todavía está confinado a la capa más superficial de la piel y no ha invadido en profundidad. Por eso su pronóstico es excelente y su tratamiento, sencillo. En una serie de 263 lesiones de carcinoma in situ seguidas durante unos ocho años, la recidiva global fue del 6,5%, y variaba según la técnica empleada: la más baja con cirugía. (Övermark et al, 2016)

Cuando las células tumorales rompen esa barrera y empiezan a invadir hacia abajo, hablamos ya de carcinoma espinocelular invasivo. Algunas presentaciones tienen nombre propio. El cuerno cutáneo, por ejemplo, es una protrusión de queratina que en su base puede esconder una de estas lesiones, y la queilitis actínica es el equivalente en el labio, una zona de especial riesgo. La idea tranquilizadora es que, cuanto antes en este recorrido se actúe, más sencillo es todo.

¿Cómo se reconoce? Síntomas, aspecto y zonas de riesgo

El carcinoma espinocelular suele presentarse como una lesión firme, rugosa o con costra que no termina de cicatrizar, a veces dolorosa o que sangra con facilidad. Puede tener aspecto de herida persistente, de placa escamosa o de bulto que crece. Aparece sobre todo en las zonas que más sol han recibido a lo largo de la vida. (Firnhaber, 2020)

Dermatólogo explorando con guantes un carcinoma espinocelular: lesión firme con costra que no termina de cicatrizar
Aspecto clínico habitual de un carcinoma espinocelular: una lesión firme, con costra o escama, que no termina de cicatrizar. Foto de archivo propio.

Las localizaciones de mayor riesgo son precisamente las más fotoexpuestas y, en algunas de ellas, el tumor tiende a comportarse de forma más exigente. Estas son las que más vigilo en consulta:

  • El labio inferior, donde suele venir precedido de queilitis actínica.
  • La oreja, una zona de piel fina y muy expuesta.
  • El cuero cabelludo sin pelo, frecuente en hombres con calvicie.
  • El dorso de las manos, que acumula sol durante toda la vida.
Carcinoma espinocelular en las cuatro zonas de mayor riesgo: oreja, labio inferior, cuero cabelludo y dorso de la mano
Casos reales en las cuatro zonas de mayor riesgo. En sentido horario desde arriba a la izquierda: oreja, labio inferior, dorso de la mano y cuero cabelludo. Fotos de archivo propio.

Ninguno de estos signos significa por sí solo que haya un cáncer, pero todos merecen una mirada profesional. Te explico con más detalle a qué prestar atención en mi guía sobre cómo detectar el cáncer de piel precozmente. Si quieres salir de dudas, puedes hacerlo en una visita online o, si estás en Barcelona, en una visita presencial.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico empieza con la mirada del dermatólogo y se confirma con una biopsia. Es un proceso rápido y ambulatorio que sigue siempre la misma secuencia:

  1. Sospecha clínica. El dermatólogo valora el aspecto, la localización y la evolución de la lesión.
  2. Dermatoscopia. La misma dermatoscopia digital que usamos para vigilar los lunares amplía la piel y deja ver estructuras invisibles a simple vista, lo que orienta la sospecha antes incluso de la biopsia.
  3. Biopsia. Según el aspecto de la lesión, se toma una muestra por afeitado (si es elevada) o en sacabocados (de la zona más anormal) y se analiza al microscopio.

Ese análisis histológico confirma si es un carcinoma espinocelular y, además, aporta los datos que deciden el tratamiento: el grado de diferenciación de las células y la profundidad a la que ha llegado el tumor. En los casos de mayor riesgo, las guías recomiendan completar el estudio con la exploración de los ganglios linfáticos de la zona y, si procede, pruebas de imagen. (Firnhaber, 2020) (Stratigos et al, 2020)

¿Qué hace que un espinocelular sea de alto riesgo?

No todos los carcinomas espinocelulares se comportan igual, y la diferencia depende de unos pocos factores de agresividad que el dermatólogo y el patólogo valoran en cada caso. Cuantos más factores reúne un tumor, mayor es el riesgo de que vuelva a aparecer tras tratarlo (lo que llamamos recidiva) o de que se extienda. La gran mayoría, sin embargo, no tiene ninguno de estos rasgos.

Los principales factores de alto riesgo son cuatro, y el patólogo los busca siempre en el informe de la biopsia:

  • Tamaño de 2 cm o mayor.
  • Histología poco diferenciada: al microscopio, las células tumorales se parecen poco a las normales.
  • Crecimiento hacia las capas profundas, por debajo de la grasa.
  • Invasión de los nervios.

A ellos se suman otros tres factores que también pesan: la localización en zonas delicadas (labio, oreja), que la lesión esté ulcerada y tener las defensas bajas (inmunosupresión). (de Jong et al, 2024)

La mejor forma de ver cuánto importan estos factores es con números, leídos con perspectiva. Una cohorte internacional de 16.844 carcinomas espinocelulares (de centros de Estados Unidos, España y Brasil) analizó cómo cambia el pronóstico según cuántos factores acumula el tumor. Antes de mirar la tabla conviene tener algo claro: 3 de cada 4 tumores no tenían ningún factor de riesgo, así que la mayoría se sitúa en la primera columna, la de mejor pronóstico. Las cifras más altas de la derecha corresponden al caso poco frecuente que reúne varios factores a la vez. (Ran et al, 2025)

Riesgo a 5 años según el número de factores de agresividad (Ran et al, 2025)
Desenlace a 5 años 0 factores 1 2 3 4
Recidiva local 1,7% 5,0% 8,8% 16,0% 33,0%
Metástasis ganglionar 0,6% 3,6% 11,0% 20,0% 28,0%
Metástasis a distancia 0,2% 1,1% 2,3% 7,9% 8,4%
Mortalidad por el tumor 0,3% 1,9% 5,4% 11,0% 25%

Y este es el punto que más repito en consulta: en ese grupo mayoritario sin ningún factor de riesgo, la mortalidad por el tumor a 5 años era de apenas el 0,3%. Dicho de otro modo, el gradiente de la tabla existe, pero la inmensa mayoría de las personas se sitúan en su extremo izquierdo, el de mejor pronóstico, y no en las columnas de la derecha. (Ran et al, 2025)

Para clasificar estos tumores se usan sistemas de estadificación, es decir, formas de medir su gravedad. Dos de los más conocidos son el del American Joint Committee on Cancer (AJCC, 8ª edición) y el del Brigham and Women's Hospital (BWH). Un estudio sobre 680 carcinomas de cabeza y cuello comparó ambos y vio que el sistema BWH afina mejor: identifica los casos de verdadero riesgo con gran precisión, con una especificidad del 93% (es decir, raramente da una falsa alarma), y evita etiquetar como graves a tumores que en realidad no lo son. (Ruiz et al, 2019)

Solo una valoración profesional puede decirte si tu lesión reúne alguno de estos factores de riesgo. Si tienes dudas, no esperes a la próxima revisión.

¿Hace metástasis? ¿Cuál es el pronóstico?

La gran mayoría de los carcinomas espinocelulares se trata y se cura sin que llegue a extenderse. La metástasis es posible, pero poco frecuente en los tumores comunes, por debajo del 4%. Si ocurre, suele afectar primero a los ganglios linfáticos de la zona y, con menos frecuencia, a órganos a distancia, y se concentra en los tumores que reúnen factores de agresividad o en personas con las defensas bajas.

El mensaje principal, por tanto, es tranquilizador: en la mayoría de los casos el pronóstico es excelente, con curación a 5 años por encima del 90%. La metástasis es la excepción, no la regla, y se concentra en los tumores que acumulan factores de riesgo. (Stratigos et al, 2020)

Cuando el tumor sí tiene capacidad de diseminar, el primer destino suele ser el ganglio linfático de la zona de drenaje. Un dato ayuda a dimensionar a quién afecta de verdad, y conviene leerlo con su matiz: corresponde a pacientes trasplantados, una población de muy alto riesgo, no al carcinoma espinocelular típico de una persona sana.

En el escenario habitual, la probabilidad de metástasis es baja y el pronóstico, muy bueno. La invasión de los nervios, cuando ocurre, es uno de los factores que más empeora el pronóstico, lo que explica por qué el dermatólogo la busca con atención en el informe de la biopsia. (Crawford et al, 2024)

¿Cómo se trata según la zona y el riesgo?

El carcinoma espinocelular se cura, y la cirugía es el tratamiento de referencia. Según el tamaño, la localización y el riesgo del tumor, el dermatólogo elige entre la escisión quirúrgica con márgenes, la cirugía de Mohs en zonas delicadas, la radioterapia o, en la enfermedad avanzada, la inmunoterapia.

El tratamiento de primera línea de los tumores comunes es la escisión quirúrgica, que consiste en extirpar el tumor con un margen de tejido sano alrededor y analizar después los bordes para confirmar que se ha quitado por completo. Cuando los márgenes son positivos, se amplía la cirugía. Es una intervención habitualmente ambulatoria y con tasas de curación muy altas. (Stratigos et al, 2020)

En las zonas delicadas, como el labio, la oreja o el contorno del ojo, y en los tumores recidivantes o de bordes mal definidos, entra en juego la cirugía de Mohs, una técnica que extirpa el tumor por capas y las revisa al microscopio en el mismo acto. Así se logra el máximo control del margen conservando el tejido sano. En una serie de carcinomas perioculares tratados con Mohs, la recidiva fue de solo el 3,0% tras casi cuatro años de seguimiento. (Weesie et al, 2019)

Para el carcinoma in situ (enfermedad de Bowen), que aún es superficial, hay más opciones porque el tumor no ha invadido en profundidad. La cirugía sigue siendo la más eficaz, pero existen alternativas según el caso, con distintas tasas de control a largo plazo:

Cirugía: recidiva 0,8%
La opción más eficaz para el carcinoma in situ.
Crioterapia: recidiva 4,7%
Congelación controlada de la lesión, útil en casos seleccionados.
Terapia fotodinámica: recidiva 18%
Buen resultado estético; protege algo menos a largo plazo.

Esas cifras proceden del seguimiento a ocho años de lesiones de carcinoma in situ y explican por qué la decisión se individualiza siempre en consulta: la terapia fotodinámica deja muy buen resultado estético y es cómoda, mientras que la cirugía ofrece el control más alto. No hay un único "mejor tratamiento", sino el más adecuado para cada lesión y cada persona. (Övermark et al, 2016)

"En la consulta repito una idea: el carcinoma espinocelular, detectado a tiempo, es un problema con solución sencilla. La pregunta casi nunca es si se cura, sino cuál es la mejor forma de tratarlo en tu caso concreto."

Dr. Sebastian Podlipnik

Cuando el tumor está muy avanzado localmente o se ha extendido, algo poco frecuente, su manejo pasa a un comité multidisciplinar. Aquí la novedad de los últimos años ha cambiado el panorama: la inmunoterapia. Los anticuerpos anti-PD-1 son hoy el tratamiento sistémico de primera línea en el carcinoma espinocelular avanzado que no se puede operar ni irradiar, y el cemiplimab fue el primero aprobado para esta indicación. (Stratigos et al, 2020)

Estos fármacos funcionan reactivando las defensas del propio paciente para que reconozcan y ataquen el tumor, un mecanismo parecido al que explico en el artículo sobre inmunoterapia en el melanoma. Los dos anti-PD-1 disponibles, cemiplimab y pembrolizumab, mostraron tasas de respuesta parecidas en los ensayos que llevaron a su aprobación, en una situación que antes no tenía ningún tratamiento sistémico eficaz:

Tasa de respuesta a la inmunoterapia en carcinoma espinocelular avanzado Gráfico de barras con la tasa de respuesta objetiva de cemiplimab y pembrolizumab en los ensayos que llevaron a su aprobación. Tasa de respuesta a la inmunoterapia Carcinoma espinocelular cutáneo avanzado, por ensayo pivotal 100 % 75 % 50 % 25 % 0 % 47 % Cemiplimab metastásica (28/59) 50 % Pembrolizumab avanzada local 35 % Pembrolizumab metastásica/recurrente Tasa de respuesta objetiva
Cemiplimab: ensayo EMPOWER-CSCC 1, cohorte de enfermedad metastásica (Migden et al, 2018). Pembrolizumab: ensayo KEYNOTE-629, cohortes de enfermedad localmente avanzada y metastásica o recurrente (Hughes et al, 2021).

La conclusión práctica es que incluso los casos avanzados, que son la excepción, disponen hoy de un tratamiento dirigido eficaz.

¿Se puede prevenir? ¿Qué seguimiento necesito?

Sí, se puede reducir el riesgo, y el pilar de la prevención es la fotoprotección sostenida. El daño solar acumulado es el motor del carcinoma espinocelular, así que protegerse del sol a lo largo de la vida es lo que más disminuye la aparición de lesiones nuevas. Las guías recomiendan cuatro medidas concretas: (Stratigos et al, 2020)

  • Reducir la exposición en las horas de mayor radiación (12:00 a 16:00h).
  • Usar ropa protectora: manga larga, sombrero de ala ancha, gafas de sol.
  • Aplicar protector solar de forma regular en las zonas fotoexpuestas.
  • Evitar el bronceado artificial, una fuente evitable de daño acumulado.

Si quieres profundizar en cómo elegir y aplicar la fotoprotección, escribí una guía sobre los mejores protectores solares.

En personas de alto riesgo, con lesiones múltiples, existe además la quimioprevención, que busca reducir la aparición de nuevos tumores. La opción más estudiada es la nicotinamida, una forma de la vitamina B3, que en el ensayo de referencia (ONTRAC) mostró esta reducción frente a placebo:

Reducción de nuevos cánceres de piel con nicotinamida Gráfico de barras con la reducción relativa de cáncer cutáneo no melanoma y, específicamente, de carcinoma espinocelular con nicotinamida frente a placebo en el ensayo ONTRAC. Reducción de nuevos cánceres de piel con nicotinamida Frente a placebo, ensayo ONTRAC (Chen et al, 2015) 40 % 30 % 20 % 10 % 0 % -23 % Cáncer cutáneo no melanoma (conjunto) -30 % Carcinoma espinocelular Reducción de incidencia
Reducción frente a placebo: 23% en el conjunto del cáncer cutáneo no melanoma (p = 0,02) y 30% en carcinoma espinocelular específicamente, esta última en el límite de la significación estadística (p = 0,05). El beneficio desaparecía al dejar de tomar la nicotinamida. (Chen et al, 2015)

Hay una razón de peso para no descuidar el seguimiento, y conviene leerla sin alarma.

Por eso las guías recomiendan revisiones cutáneas periódicas adaptadas a cada persona, más frecuentes cuanto mayor es el riesgo. No es una vigilancia angustiante, sino una rutina tranquila cuyo objetivo es justamente que todo se coja a tiempo. Si te han tratado un carcinoma espinocelular, la imagen realista de tu futuro es buena: con fotoprotección, controles sencillos y, cuando procede, prevención, la mayoría de mis pacientes hacen vida absolutamente normal.

Basocelular y espinocelular: en qué se diferencian

Son los dos cánceres de piel no melanoma más frecuentes y a menudo se confunden, pero tienen diferencias importantes. El basocelular es el más común y casi nunca metastatiza; el espinocelular es el segundo y sí tiene capacidad de diseminar, aunque sea poco frecuente. Esta tabla resume las diferencias clave para el paciente.

Carcinoma basocelular frente a espinocelular
Característica Basocelular Espinocelular
Frecuencia El más frecuente El segundo más frecuente
Origen Células basales de la epidermis Queratinocitos; suele venir de queratosis actínica
Capacidad de metástasis Excepcional Posible, aunque poco frecuente (menos del 4%)
Riesgo principal Destrucción local si se abandona Diseminación si tiene factores de agresividad
Pronóstico general Excelente Muy bueno cuando se detecta a tiempo

La idea de fondo es tranquilizadora: ambos son cánceres de piel de muy buen pronóstico cuando se detectan pronto. La diferencia práctica es que el espinocelular merece algo más de atención al seguimiento, porque sí puede diseminar en una minoría de casos. Puedes leer todo sobre su hermano en el artículo dedicado al carcinoma basocelular. (Kim et al, 2018)

Preguntas frecuentes sobre el carcinoma espinocelular

¿El carcinoma espinocelular es peligroso?
En la mayoría de los casos no, y tiene muy buen pronóstico: se cura en más del 90% a 5 años y la metástasis es poco frecuente, por debajo del 4% en los tumores comunes. El riesgo aumenta cuando el tumor acumula factores de agresividad o en personas inmunodeprimidas, situaciones que el dermatólogo identifica y vigila. (Stratigos et al, 2020)
¿Dónde hace metástasis el carcinoma espinocelular?
Cuando se extiende, lo hace primero a los ganglios linfáticos de la zona que drena el tumor y, con menos frecuencia, a órganos a distancia como el pulmón o el hueso. La probabilidad de que esto ocurra aumenta de forma escalonada con el número de factores de riesgo del tumor. (Ran et al, 2025)
¿El carcinoma escamoso es benigno o maligno?
Es un tumor maligno, es decir, un cáncer. Pero "maligno" no significa "mortal": entre los cánceres de piel es de los de mejor pronóstico cuando se detecta a tiempo, que es lo habitual. Carcinoma escamoso, espinocelular y epidermoide son nombres del mismo tumor.
¿Qué diferencia hay entre carcinoma basocelular y espinocelular?
El basocelular es el cáncer de piel más frecuente y casi nunca metastatiza; su riesgo es la destrucción local si se abandona. El espinocelular es el segundo más frecuente, suele venir de una queratosis actínica y sí tiene capacidad de diseminar, aunque en una minoría de casos. Ambos tienen muy buen pronóstico cuando se tratan pronto.
¿Cómo se cura el carcinoma espinocelular?
La cirugía es el tratamiento de referencia y resuelve la gran mayoría de los casos. Según la zona y el riesgo, el dermatólogo elige entre la escisión con márgenes, la cirugía de Mohs en zonas delicadas o la radioterapia, y en la enfermedad avanzada la inmunoterapia. La opción concreta se decide siempre de forma individual. (Stratigos et al, 2020)
¿Cómo empieza un carcinoma espinocelular?
Suele empezar como una lesión firme, áspera o con costra que no termina de cicatrizar, a veces sobre una mancha previa de daño solar (queratosis actínica), en zonas muy expuestas como el labio, la oreja, el cuero cabelludo o el dorso de las manos. Reconocerlo pronto hace que el tratamiento sea más sencillo. (Firnhaber, 2020)

¿Tienes una lesión en la piel que no cicatriza o que te preocupa? Una valoración a tiempo suele ser sencilla y, casi siempre, tranquilizadora. Elige la opción que mejor se adapte a ti.

Referencias

  1. Kim JYS et al. Guidelines of care for the management of cutaneous squamous cell carcinoma. J Am Acad Dermatol, 2018. JAAD
  2. Stratigos AJ et al. European interdisciplinary guideline on invasive squamous cell carcinoma of the skin: Part 1 (epidemiology, diagnosis, prevention). Eur J Cancer, 2020. European Journal of Cancer
  3. Stratigos AJ et al. European interdisciplinary guideline on invasive squamous cell carcinoma of the skin: Part 2 (treatment). Eur J Cancer, 2020. European Journal of Cancer
  4. Keim U et al. Incidence, mortality and trends of cutaneous squamous cell carcinoma in Germany, the Netherlands, and Scotland. Eur J Cancer, 2023. European Journal of Cancer
  5. Feldman SR, Fleischer AB. Progression of actinic keratosis to squamous cell carcinoma. Cutis, 2011. PubMed
  6. Övermark M et al. A Retrospective Study of Treatment of Squamous Cell Carcinoma In Situ. Acta Derm Venereol, 2016. Acta Dermato-Venereologica
  7. Ran NA et al. Number of Risk Factors and Outcomes in Cutaneous Squamous Cell Carcinoma. JAMA Dermatol, 2025. JAMA Dermatology
  8. Ruiz ES et al. Performance of the AJCC 8th edition vs the BWH tumor classification system for cutaneous squamous cell carcinoma. JAMA Dermatol, 2019. JAMA Dermatology
  9. de Jong E et al. Cumulative incidence and risk factors for cutaneous squamous cell carcinoma metastases in organ transplant recipients (SCOPE-ITSCC). J Am Acad Dermatol, 2024. JAAD
  10. Collins L et al. Skin Cancer and Immunosuppression. Dermatol Clin, 2018. PubMed
  11. Fox M et al. Nodal staging of high-risk cutaneous squamous cell carcinoma. J Am Acad Dermatol, 2018. JAAD
  12. Crawford L et al. Perineural spread of cutaneous squamous cell carcinoma via the ophthalmic nerve. Head Neck, 2024. PubMed
  13. Firnhaber JM. Diagnosis and Treatment of Basal Cell and Squamous Cell Carcinoma. Am Fam Physician, 2020. American Family Physician
  14. Weesie F et al. Recurrence of periocular keratinocyte carcinoma after Mohs micrographic surgery. Br J Dermatol, 2019. PubMed
  15. Migden MR et al. PD-1 Blockade with Cemiplimab in Advanced Cutaneous Squamous-Cell Carcinoma. N Engl J Med, 2018. NEJM
  16. Hughes BGM et al. Pembrolizumab for locally advanced and recurrent/metastatic cutaneous squamous cell carcinoma (KEYNOTE-629). Ann Oncol, 2021. Annals of Oncology
  17. Chen AC et al. A Phase 3 Randomized Trial of Nicotinamide for Skin-Cancer Chemoprevention (ONTRAC). N Engl J Med, 2015. NEJM
  18. Hardin J, Mydlarski PR. Systemic retinoids: chemoprevention of skin cancer in transplant recipients. Skin Therapy Lett, 2010. PubMed

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Sebastian Podlipnik - Cáncer de piel

Sebastian Podlipnik

Blog de dermatología

Soy dermatólogo y doctor cum laude en medicina y autor de múltiples estudios de investigación. Me especializo en cáncer de piel, tecnologías láser y dermatología estética. La intención de este blog es acercarlos a temas de interés en dermatología e investigación.

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